Por qué Estados Unidos salió al rescate de Japón y qué revela sobre el nuevo orden geopolítico
La reciente acción coordinada entre el Departamento del Tesoro de EE. UU. y el Ministerio de Finanzas de Japón dejó expuesto el peso financiero que Washington volcó para fortalecer a la moneda de su principal aliado en Asia.
En los últimos cinco años, el yen se devalúo más de un 40% frente al dólar. En la semana previa a la intervención por parte de Estados Unidos el yen cotizaba entre 163 y 164 por dólar.
Ahora bien, comparado con la Argentina, la situación de Japón no estaría tan mal. Sin embargo, la economía japonesa estaba transitando niveles de depreciación de su moneda no vistos en casi cuatro décadas.
En ese sentido, las autoridades de ambos países ejecutaron acciones en conjunto para reevaluar de forma inmediata el valor de la moneda japonesa.
Por lo tanto, la intervención del Tesoro de Estados Unidos tuvo como resultado una apreciación del yen japonés del 3,6% respecto a los valores máximos de la semana pasada. Es decir, el yen paso de cotizar en 163.85 a 157,52 al día de hoy.
El volumen del rescate: ¿Cuántos yenes compró Estados Unidos?
Los gobiernos Japón y Estados Unidos han decidido guardar reserva sobre los montos exactos de la intervención pero hay reportes de la agencia Reuters y del periódico Financial Times que revelaron la magnitud de la operación.
Según detalló el Financial Times, la Reserva Federal de Nueva York actuó como ejecutor en representación del Tesoro. Con el claro objetivo de no generar turbulencias adicionales con el dólar en el mercado europeo, la Fed vendió euros para comprar masivamente yenes a través de grandes bancos de inversión como Goldman Sachs y Morgan Stanley.
La intervención, obviamente fue coordinada con las autoridades japonesas. La inyección multimillonaria de la Reserva Federal de Nueva York se sumó a lo ocurrido en tierras niponas, en donde, según datos del Banco de Japón citados por la BBC y Reuters indican que las autoridades japonesas habrían volcado previamente entre 36.000 y 59.000 millones de dólares para absorber yenes y frenar la especulación.
Durante mucho tiempo, Japón vio con buenos ojos un yen débil. Es decir, con la devaluación de su moneda, las empresas industriales reciben más yenes por dólar.
Empresas industriales de un gran tamaño, como Toyota, Sony, Panasonic y entre otros, se beneficiaban de la situación porque mejoraban la competitividad de sus productos de exportación.
Sin embargo, este año el escenario macroeconómico sufrió un importante cambio debido al conflicto en Medio Oriente.Además existe un enorme diferencial de las tasas de interés. En Estados Unidos la Reserva Federal mantiene la tasa de interés entre el 3,50% y el 3,75% y en Japón el Banco de Japón, que venía aplicando tasas negativas durante muchos años, elevó la tasa al 1% (su mayor nivel desde 1995).
El shock del petróleo en Medio Oriente complicó aun más la situación debido a que Japón importa cerca del 95% de la energía que consume. Entonces como el crudo se liquida en dólares, la devaluación del yen multiplicó el costo de las importaciones, desatando una importante inflación anual del 2%.
En Japón, una inflación del 2% genera alarma porque el país estuvo sumido durante décadas en deflación (precios congelados o a la baja). Al combinarse una inflación del 2% con tasas nominales del 1%, la tasa de interés real resulta negativa (-1%), lo que mantiene plenamente incentivado el carry trade.
Autopreservación estadounidense y el mercado de bonos
El presidente Donald Trump definió públicamente la intervención como un "gesto de amistad" hacia Japón. No obstante, analistas internacionales citados por la BBC y la cadena AP coinciden en que la compra de yenes por parte de EE. UU. responde a una estrategia de pura autopreservación económica.
Según esta teoría, Japón es el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos, con más de 1,1 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense y como se veía obligado a desprenderse de parte de los títulos norteamericanos, lo que elevaría automáticamente el costo de endeudamiento del propio gobierno de EE. UU. había que darle una mano.
En palabras de Shigeto Nagai, jefe de economía japonesa para Oxford Economics, aportar entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes representó para la Casa Blanca un "seguro de muy bajo costo".
La intervención de EE. UU. no solo protegió el precio de sus bonos, sino que le puso un "techo" controlado a la devaluación del yen para evitar un desarme caótico y desordenado del carry trade que destruyera la liquidez internacional.
Más allá de los números y los bonos, la maniobra conjunta expone cómo las finanzas internacionales se han convertido en una extensión directa de la geopolítica. Para Estados Unidos tener como aliado a Japón es fundamental para contener la expansión militar, industrial y tecnológica de China. Por ende, Washington no puede permitir un Japón financieramente vulnerable a crisis cambiarias.