Tendencia de negocios: con la confianza industrial en mínimos y desempleo al 7,9%, ¿por qué el Gobierno no envía señales al sector?

Los empresarios de la industria manufacturera anticipan menos horas de trabajo lo que puede afectar a la tasa de desempleo. El Indicador de Confianza Empresarial (ICE) cayó un 20,2% en agosto.

En el día de ayer el INDEC ha publicado la Encuesta de Tendencia de Negocios en la Industria Manufacturera y lo que opinan los empresarios del sector pone de manifiesto que la situación puede empeorar aun más afectando al mercado de trabajo en los próximos meses. 

Los datos indican que el 64,9% de los industriales anticipan un estancamiento en sus niveles de producción para el período septiembre-noviembre, con expectativas desfavorables tanto en demanda interna como en empleo.

Este enfriamiento en la tendencia de negocios manufacturera se da en un contexto donde la tasa de desempleo empieza a dar señales de alerta, ya que en el segundo trimestre subió al 7,9%.

Por otro ladolos guarismos de producción caen significativamente: el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) registró en julio una caída del 4,9% interanual, acumulando un retroceso de 2,6% en los primeros siete meses del año. 

A esto se suma que el 53,6% de los empresarios señala a la falta de demanda interna como el principal obstáculo, seguido por la competencia de productos importados con un 10,1%.

Con este panorama sobre la mesa y a exactamente un año de las elecciones presidenciales, la pregunta económica y política inevitable es: ¿por qué el Gobierno no envía señales de alivio, crédito o contención a un sector que genera empleo formal y calificado?

La respuesta viene de la mano de los principales pilares del programa económico y financiero. En gran medida, la búsqueda de bajar la inflación para el equipo económico ha generado una contracción del consumo. Por ende, el traslado es inmediato al sector industrial, siendo uno de los costos necesarios en la búsqueda de la estabilización macroeconómica.

Ahora bien, tampoco el sector ha recibido incentivos fiscales, créditos subsidiados o barreras proteccionistas dado que esto, obviamente, implicaría poner en peligro el superávit fiscal para el equipo económico, otro pilar clave.

Por otro lado, el foco estratégico del Gobierno no está puesto en la sustitución de las importaciones, que pueda incentivar a la industria local sino que está puesta en el agro, la minería y en la energía.

Se trata de sectores dinámicos, altamente competitivos a escala global debido a que poseen ventajas comparativas. Y además, son generadores netos de divisas lo que le permite acumular dólares al Banco Central.

Sin embargo, a doce meses de las elecciones presidenciales, la estrategia encierra una apuesta de alto riesgo: ¿alcanza con exhibir equilibrio fiscal y desinflación si el desempleo se acerca a los dos dígitos en los principales aglomerados urbanos e industriales?

El Gobierno confía en que sí. El equipo económico sostiene que bajar la inflación va a generar una mayor estabilidad. Además, el hecho de tener un tipo de cambio planchado es percibido como un beneficio electoral.

Entonces, según la mirada del Gobierno que haya crisis en la industria manufacturera es "condición necesaria" para cumplir sus principales objetivos, y es el costo que se debe pagar. Y aquí surge, la próxima pregunta: ¿es condición suficiente?

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