Crisis de deuda en los hogares: La apreciación cambiaria y el fin de la licuación asfixian el crédito
El sistema financiero argentino atraviesa un fenómeno inédito desde la salida de la Convertibilidad, la proliferación de deudores estructurales que, tras el pico de morosidad de los últimos meses, están quedando fuera del circuito formal.
A diferencia de otros ciclos económicos, el salto en la morosidad actual tiene una raíz profundamente social. La merma del ingreso disponible obligó a los hogares a recurrir al financiamiento para cubrir gastos corrientes.
Este fenómeno golpeó con especial dureza a los sectores no transables, como el comercio, la construcción y la industria manufacturera orientada al mercado interno. En estos nichos, la pérdida de empleo y el estancamiento salarial destruyeron la capacidad de repago, forzando a las familias a financiarse con tarjetas y préstamos personales solo para sostener el consumo básico.
La trampa de la desinflación y el impacto del ancla cambiaria
Si bien el equipo económico logró reducir la inflación —pasando de niveles cercanos de más del 100% en 2024 a un entorno del 30% en 2025—, el "remedio" utilizado generó efectos colaterales en el crédito. El uso del ancla cambiaria, manteniendo el dólar por debajo de los $1.500, provocó una apreciación cambiaria fenomenal.
Esta dinámica derivó en una inflación en dólares extremadamente alta. Para las familias, esto significó que incluso recurrir a los ahorros "dólares del colchón" resultó insuficiente para enfrentar el costo del financiamiento en pesos.
Si medimos el costo del crédito en moneda dura, la tasa real se vuelve astronómica.
El ancla cambiaria terminó erosionando la salud de la cartera crediticia al encarecer brutalmente el valor real de la deuda.
El ministro de Economía, Luis Caputo, señaló este cambio de paradigma recientemente:
“La gente se sobreendeudó a tasas muy altas pensando que la inflación iba a licuar las deudas y eso no pasó” afirmó.
Sin embargo, la desaceleración de precios que había tenido efecto hasta principios del año pasado y con el valor del dólar bajando respecto a fines del año pasado, dejo de tener el efecto de licuación.
En los últimos meses, con un tipo de cambio planchado y un ingreso disponible menor, las cuotas fijas en pesos se volvieron pesadísimas en términos de poder de compra.
Aquellos que apostaron según las palabras de Caputo, a que el tiempo licuaría sus deudas, en la actualidad se encuentran que las mismas representan una porción cada vez mayor respecto a su capacidad de pago.
Bancos vs. Fintech: El riesgo de la usura
La brecha entre los distintos actores del sistema se ha vuelto crítica y muestra dos realidades distintas:
Bancos: Con la mora en individuos en torno al 11,2%, las entidades intentan rescatar a sus deudores con refinanciaciones al 25% anual (tasas negativas frente a la inflación) para evitar la pérdida total del activo.
Fintech: La morosidad aquí escala al 25%. En este segmento, las tasas resultan en muchos casos usureras, atrapando a deudores que no tienen capacidad de generar el flujo necesario para cubrir intereses asfixiantes.
Sin embargo, en ambos canales de financiamiento se reconoce que hay pérdidas, producto del aumento en la morosidad que se traduce en un alza de la incobrabilidad.
Este escenario, se podría describir como la generación de una nueva era de deudores digitales quienes han perdido su futuro crediticio inmediato.
Aunque logren refinanciar, es probable que no puedan cumplir.
Entonces, el scoring (legajo digital) de estos deudores queda manchado, condenándolos a la exclusión por al menos dos o tres años a una masa crítica de la población.
¿Hacia una estabilización de la cartera?
A pesar de la gravedad, aparecen señales de alivio en el horizonte. La estabilización de la cartera puede mejorar en el sector bancario que tiene una mayor experiencia en la gestión de cobranza.
En ese sentido, Patricio Supervielle CEO del Grupo Supervielle anticipó que la calidad de los activos mostró señales alentadoras de estabilización.
El ratio de cartera irregular (NPL) trepó al 5,6% en el primer trimestre, pero hay una estabilización desde marzo.
Sin embargo, el costo de esta mora lo termina pagando el deudor cumplidor, quien enfrenta tasas de interés más altas para compensar el riesgo sistémico de la cartera general.
El regreso de los bancos en el financiamiento privado es una noticia positiva, pero se produce en un entorno de apreciación cambiaria y de erosión de los ingresos de las familias que ha maximizado el peso de las deudas.
Sin una recuperación real de los ingresos y una corrección en los costos de financiamiento medidos en dólares, los deudores excluidos encarecen aun más el financiamiento a la espera de una recuperación que todavía no llega a los bolsillos de los hogares.
