Ricardo Arriazu culpa al Banco Central por el bajo crecimiento: ¿el fuego amigo menos esperado?
Con el superávit comercial y compras del BCRA por más de USD 15.000 millones, el Gobierno busca blindar el pago de la deuda. Sin embargo, Arriazu encendió el debate al criticar la acumulación de divisas.
En momentos en que el equipo económico despliega todos sus recursos para brindar certeza absoluta sobre el pago de las amortizaciones e intereses de la deuda soberana y el Riesgo País merodea la zona de los 700 puntos básicos, la discusión macroeconómica sumó un capítulo inesperado. Apareció el "fuego amigo".
Ricardo Arriazu, uno de los economistas más escuchados por el presidente Javier Milei, aseguró públicamente que la economía argentina crece menos por culpa de la política del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
La afirmación suena a fake news, pero es absolutamente real. En el marco del Simposio de Economía de la Universidad de Tel Aviv, Arriazu sentenció:
"Cosecha récord, producción récord de hidrocarburos, ganancia en minería, menos compra de divisas por parte del sector privado, términos de intercambio favorables. Deberíamos estar creciendo arriba del 5% y estamos estancados creciendo menos del 2%. ¿Cuál es la explicación? Demasiada compra de divisas por parte del Banco Central. Esa es la política monetaria".
Para cualquier análisis riguroso de la coyuntura, la premisa de Arriazu resulta profundamente contradictoria con el modelo económico y financiero actual.
Superávit comercial y el "blindaje" de la deuda
El argumento del Ministerio de Economía y del Banco Central está respaldado, en parte, por la genuina entrada de dólares por la balanza comercial.
El dato de septiembre marcó un récord histórico para los últimos 25 años a valores constantes, alcanzando un superávit comercial de USD 2.976 millones.
Estos recursos nutren de manera directa al Banco Central, que conducido por Santiago Bausili ya acumula más de USD 15.000 millones en lo que va de 2026 (alcanzando reservas brutas en la zona de los USD 50.152 millones).
La actual conducción del BCRA tuvo su punto de partida con reservas netas profundamente negativas. Por lo tanto, esta acumulación de reservas no es un lujo ni un capricho. Sino, precisamente, una condición necesaria pero no suficiente para despejar las dudas del mercado financiero y asegurar el cumplimiento del pago de la deuda.
Si el BCRA no hubiese salido a comprar esos dólares, es altamente probable que el Riesgo País no estuviera buscando los 700 puntos, sino rondando holgadamente los 1.500 puntos básicos.
El trasfondo real: Apreciación cambiaria, agro e incentivos a la liquidación
¿Por qué un economista del prestigio de Arriazu sostiene una postura tan marcadamente contradictoria para el modelo oficial? A mi criterio, es una puja por la dinámica del tipo de cambio.
Si se analiza el mecanismo analítico de su reclamo, el mismo es contraproducente:
Caída de la demanda institucional: Si el BCRA acata el pedido de Arriazu y suspende la compra de dólares, la demanda en el mercado cae, por ende, bajaría el precio del dólar.
Dólar planchado: Al no haber comprador de última instancia, el precio del dólar retrocede (buscando, por ejemplo, los $1.000 proyectados en el piso de la bandas cambiaria inicial), lo que profundizaría fuertemente la apreciación cambiaria en términos reales.
Freno a la liquidación del campo: Con un atraso cambiario más pronunciado y costos en pesos al alza, el sector agropecuario directamente postergaría la venta de granos, ya que las ecuaciones de rentabilidad del productor no cerrarían.
Con el valor del petróleo por encima de los USD 100 por barril impulsando a la inflación global, la idea de que la Argentina podría estar creciendo hoy a tasas superiores al 5% carece de sustento.
En un contexto internacional restrictivo, solo sectores de escala con ventajas comparativas absolutas, como la energía en Vaca Muerta, logran sostener márgenes de rentabilidad.
El costo de omitir la tasa en pesos y la inflación en dólares
Hay un efecto colateral masivo que el diagnóstico de Arriazu omite en su crítica al Banco Central. Si la autoridad monetaria no hubiese absorbido esos USD 15.000 millones y se hubiese permitido una apreciación desmedida del peso, la consecuencia inmediata habría sido una inflación en dólares insostenible.
Asimismo, ante la perspectiva de un dólar artificialmente bajo y una presión dolarizadora latente de los tenedores de la deuda en pesos, el Tesoro se habría visto imposibilitado de refinanciar los vencimientos de la deuda en pesos a las tasas actuales. Para contener la huida hacia la divisa, el Tesoro habría tenido que fijar tasas de interés sustancialmente más altas, asfixiando por completo el crédito privado.
Las sombras internas: El abismo entre la macro y la economía diaria
Ante este escenario externo y el sobrecumplimiento en la acumulación de reservas, las principales sombras del modelo provienen del contexto socioeconómico interno.
Existe una desconexión entre el ordenamiento en el frente financiero y la economía real. Hay una amplia mayoría de la población que sufre el impacto del ajuste al no formar parte de los sectores "ganadores" que empujan el superávit comercial récord (agro, minería y energía).
El Banco Central está haciendo lo correcto en términos de solvencia financiera: acumular reservas para garantizar el pago de la deuda es el camino para mantener acotado el riesgo crediticio y no volar por las aires nuevamente.
Sin embargo, el gran desafío de la gestión no pasa por dejar de comprar dólares como pide Arriazu, sino por lograr que el saldo de la balanza comercial sea aun mayor, producto de la sustitución de importaciones mediante un crecimiento de la industria local, generando empleo, y poder traccionar de manera real, al tejido social y el consumo interno, que hoy siguen pagando la factura del ordenamiento macroeconómico.
