Las buenas noticias financieras taparon las malas noticias económicas
En la misma semana en la que se pagaron más de USD 4.200 millones por amortización e intereses de la deuda, el IPI manufacturero registró una caída interanual del 8,7%, exponiendo la fragilidad de la economía real frente al optimismo de los mercados.
Durante la segunda semana de enero, la atención estuvo centrada en cómo Argentina honraría sus compromisos financieros. Con vencimientos que superaban los USD 4.200 millones, la incertidumbre radicaba en si se utilizarían las reservas del Banco Central, para concretar el pago.
Sin embargo, el equipo económico cumplió con la "tarea financiera". Mediante una operación de REPO, sumada a la compra de divisas y la reciente emisión del bono BONAR 2029N, el Gobierno logró acumular la liquidez necesaria para cumplir con los compromisos financieros.
En sintonía, el BCRA comunicó la cancelación de las operaciones realizadas durante el último trimestre de 2025 con el Departamento del Tesoro de los EE. UU., bajo el acuerdo de estabilización cambiaria de USD 20.000 millones.
El contraste: La industria en caída
Si bien cumplir con los compromisos internacionales ayuda a recuperar la credibilidad, el éxito financiero se contrasta con una realidad manufacturera preocupante.
Por un lado, los mercados celebraban que Argentina haya pagado los USD 4.200 millones, impulsando el precio de bonos y acciones.
Sin embargo, por otro lado, el INDEC difundía el Índice de Producción Industrial manufacturero (IPI). El mismo cayó un 8,7% en noviembre de 2025 respecto al mismo mes de 2024.
Dentro de este panorama, el dato alentador fue la "Refinación de petróleo" que mostró una leve incidencia positiva (0,2%). El resto de los sectores sensibles, que funcionan como termómetro social, mostraron cifras alarmantes:
Alimentos y Bebidas: Cayó un 7,8%. El segmento de panadería, galletitas y pastas retrocedió un 11,9% por la baja demanda interna. La harina de trigo, según la SAGyP, se hundió un 13,1%.
Bebidas: La producción de gaseosas, aguas y cervezas bajó un 12,7%. CADIBSA confirmó una caída del 7,5% en ventas, mientras que el sector vitivinícola (INV) reportó una baja del 12,4% en la elaboración de vino.
Consumo Masivo: La carne vacuna cayó un 6,6% interanual, reflejando el menor consumo de las familias.
Los sectores más golpeados: Autos y Electrodomésticos
El desplome fue más profundo en bienes durables. La división de Vehículos automotores y autopartes cayó un 23%.
Según ADEFA, las ventas a concesionarios de unidades nacionales se desplomaron un 44,8%, mientras que las exportaciones de automóviles (principalmente a Brasil) retrocedieron un 57,7%.
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Por su parte, la producción de aparatos de uso doméstico registró una caída del 39,7%. Heladeras, freezers y lavarropas lideran la baja, afectados no solo por la caída del poder adquisitivo, sino también por el impacto de los productos importados.
Finalmente, el sector textil y calzado no fue la excepción porque la fabricación de ropa y zapatos cayó un 17,6%, mientras que la producción de tejidos se hundió un 43,9%, completando un mapa productivo que, por ahora, no logra contagiarse del optimismo de los tableros financieros.
Por lo tanto, cuando la mayoría de los analistas y economistas teníamos la atención concentrada en la ingeniería del Gobierno para cumplir con los acreedores, la economía real —a través de los datos del INDEC— nos dio un claro diagnóstico. El esquema cambiario y monetario vigente hasta diciembre no solo no logró apuntalar la actividad, sino que interrumpió la incipiente recuperación que la industria manufacturera había insinuado a finales de 2024.